lunes, 1 de agosto de 2016

SIEMPRE CON NOSOTROS






Nosotros sabemos bien que no hay impotencia mayor que la de intentar arrebatar de la muerte a quienes amamos. Con infinita ternura pensamos en cosas pequeñas, la montura de unas gafas, un botón desabrochado , una gorra, la silueta en una foto chiquitita de la que sobresale una sonrisa; entonces nos parece imposible que tanto amor no sea capaz de traerlos a nuestro lado, que las cosas y el mundo sobreviva sin ellos. Esa perplejidad forma parte del vacío de todas las ausencias y forma parte del dolor, más aún cuando la muerte es desgraciada e injusta.
Javier ha muerto y tenemos que repetírnoslo para intentar creerlo, no podremos. Estaba demasiado firmemente trenzado con nosotros. Investigaba las muertes terribles de los nuestros como si los acunara, para cada uno tenía bien dispuesto un abrazo imposible que los salvará de la iniquidad de su asesinato, para cada uno buscaba justicia y para cada uno intentó abrir una página de la historia. No se puede pensar en un historiador con más dulzura hacía las víctimas, ni con más empeño en rescatarlas del olvido. Nunca sabremos cuanta oscuridad atravesó, ni hasta que punto todo el dolor de aquellos asesinatos salvajes lo iba hiriendo, siempre luchó por hacer prevalecer la alegría y la esperanza. Pensaba con orgullo en el legado de dignidad coraje y humanidad de aquellos marcheneros caídos, haciéndolo tan suyo que fue el mismo más que nada y hasta el final dignidad , coraje y humanidad.
Nosotros hemos aprendido a llorar a los que amamos, mientras nos abrazamos a ellos en la libertad, la justicia y la vida, eternamente.

May Valencia Herrera