lunes, 5 de septiembre de 2016

El maestro, la memoria, el verano.

Publicado el  por Alberto Gayo.
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Santos Ruano con sus alumnos, en una foto tomada entre 1929 y 1931 (Primaveras de Memoria).
Santos Ruano con sus alumnos en una foto tomada entre 1929 y 1931 (Primaveras de Memoria).
Los recuerdos de verano (de los veranos) pesan un quintal. Quedan adosados a uno para siempre. Sobre todo los de la adolescencia y juventud, los que tienen que ver con excitarse, sufrir, descubrir, sentir… También hay olores y sabores del estío imborrables. Besos mal dados (por ansiedad, vergüenza o ignorancia) y bailes malditos que se arrinconan en la lista de imágenes inconfesables. Al pasar los años solo quedarán algunas cartas y fotos, y la nostalgia de cuando no se vivía el presente, sino el instante.
Durante muchos años mis recuerdos estuvieron vinculados a Marchena, un pueblo del sureste sevillano. Cada verano, mi madre –andaluza de Jaén– nos llevaba allí, a casa de su hermana gemela (mi tía), para pasar de julio a septiembre. Lo siento pero ahora toca la retahíla de recuerdos: piscina municipal, sandwich de nata, caseta de feria, discos de Genesis, fútbol-chapa, Vespino, molletes, tomate Apis, calor (mucho calor), olor a aceite de almazara, cigarros aliñaos, el Madriles, las catalanas y el vasco, las tortas de manteca y el orazú (regaliz), la Manoli y la Vilches, el rock de Silvio, cine de verano, la manguera, el Sofá Club, los reservados del disco-pub Ratos Agradables, las resacas de Fino, las Zapico, la Merry… Y mis primos.
Hace muchos años que no paso por allí. Un día de estos tendré que enfrentarme a mis recuerdos. No sé cuántos quedarán. Mientras, he regresado mentalmente a Marchena por una historia real (y cercana) sobre memoria y verano. Mucho más importante, triste y cruel que los miles de recuerdos de un chico de finales de los años 70 y principios de los 80.
El 24 de agosto de 1936 –hoy hace justo 80 años– fue asesinado en Marchena el maestro Santos Ruano Mediavilla, un hombre de 39 años, “de conducta honrada que siempre trabajó por la enseñanza de los niños” (así constó en su expediente de depuración) y afiliado al PSOE. Aquel fue un verano de terror. No habían pasado muchas semanas desde el 18 de julio, día de la sublevación militar contra el gobierno legal republicano. Todo empezó en África pero Sevilla y otras zonas de Andalucía fueron las primeras en recibir la llegada de los nacionales. La represión inicial golpeó en todos los pueblos: desapariciones, asesinatos, humillaciones, vejaciones, depuraciones… En aquel negro verano del 36 fueron fusilados o asesinados más de 200 marcheneros. Los golpistas robaron los recuerdos veraniegos de muchísimas familias de Marchena para instaurar la desmemoria.

Santos y María Teresa una vez casados (Primavera de Memorias).
Santos y María Teresa una vez casados (Primavera de Memorias).
Marchena tenía por entonces cerca de 20.000 habitantes. Santos Ruano (1897-1936) fue uno de los 60 maestros y maestras fusilados en la provincia de Sevilla tras el golpe militar. Según el historiador José María García Márquez, “la sangría que se produjo entre los maestros, con asesinatos en treinta y dos pueblos, tuvo un marcado cariz político. La persecución buscó su militancia política y sindical y, además, el carácter laico que, conforme a la ley, imprimieron muchos de ellos a la enseñanza en sus clases”. En mayo de 2016 se presentóPrimaveras de Memoria. Marchena, 1936-2016 (Ed. Aconcagua), libro coral coordinado por Javier Gaviria Gil y que sirve de homenaje a las víctimas del fascismo en la localidad sevillana. El capítulo sobre el maestro Santos Ruano lo escribe su nieto Raúl Ruano Bellido, profesor de Historia en un instituto de Secundaria de Córdoba, doctor en Sociología y estudioso del anarquismo en nuestro país.
Raúl recuerda a su abuelo con una hermosa epístola dirigida al propio maestro asesinado. Ha hablado con quienes fueron alumnos, con sus amigos, ha recorrido las calles para imaginar su aula, ha recopilado documentación para que las puntadas sean certeras. Así sabemos que la clase de Santos Ruano estaba presidida por un esqueleto de gran tamaño, era luminosa y de grandes ventanales, y además de biblioteca y mapas había una radio, un proyector y un busto que le hizo su amigo el escultor José Montes, también asesinado el 24 de agosto de 1936. Al maestro le gustaba hacer salidas con sus alumnos todas las semanas, tenía una caligrafía pulcra (la misma que heredó su hijo Francisco), le gustaba el violín y las partituras… En 1931 formó parte de la lista del PSOE por el distrito primero de Marchena. Le votaron 255 vecinos. El maestro municipal pasó a ser síndico del primer ayuntamiento tricolor y miembro de Instrucción Pública. A Santos le importaba más el pulso del lenguaje que la ortografía. Era un defensor de los adjetivos porque llenaban de cualidades el mundo y con ellos podía concretarse una ética y una política. Los problemas sociales era sin duda lo que más le preocupaba. Estamos en tierra de jornaleros explotados, de oligarcas…
Portada de Primavera de Memorias. Marchena 1936-2016 (Editorial Aconcagua).
Portada de Primavera de Memorias. Marchena 1936-2016 (Editorial Aconcagua).
El nieto –”antes de haber nacido ya perdí a mi abuelo”– sostiene en el libro que debería existir una oficina de objetos perdidos reservada al verano de 1936. Allí estarían la máquina de escribir del maestro Ruano, su proyector y su violín. Su radio fue utilizada por un rojo perseguido por el franquismo que tuvo que esconderse en su propia casa. Usó el aparato como único vínculo con el mundo. Esa radio todavía funciona 80 años después gracias a las manos de Óscar, otro de sus nietos. Recuerdos de verano. De los que pesan un quintal durante generaciones.
Lo curioso es que el maestro Santos Ruano no nació en Marchena, sino en el pueblo vallisoletano al que desde hace quince años acudo, al menos, una vez al mes por cuestiones familiares. Está en esa tierra de campos, de horizontes lejanos, donde se generan recuerdos veraniegos que también se adosan. Se llama Medina de Rioseco y allí también cundió la desmemoria tras el golpe franquista, en una zona donde no hubo frentes militares pero sí barbarie, vendetas, rencillas, odios, miseria. Los Montes Torozos, pertenecientes al municipio, sirvieron de lugar de ejecución y enterramiento ilegal. Las víctimas formaban parte de sacas que los sublevados fascistas iban haciendo por los pueblos de la comarca. El lugar se convirtió en una gran fosa común.

Historias como estas las hay por toda España. He escogido la del maestro porque lo asesinaron en verano, hace ahora 80 años, porque los recuerdos de esta estación siempre se adosan más de lo normal y porque los nietos de Santos Ruano son mis primos. Salud.