domingo, 25 de octubre de 2009

Cuenta atrás desde la fosa de Lorca



Público.es


TEXTO: M. SERRANO / Á. MUNÁRRIZ FOTOGRAFÍAS: ARSENIO ZURITA - 25/10/2009 08:00
Secretismo extremo y expectación mundial. Ambas variables, aparentemente contradictorias, se combinan en los días previos al comienzo, previsiblemente al inicio de la próxima semana, de los trabajos de excavación de las seis posibles fosas localizadas por el Instituto Andaluz de Geofísica en Alfacar (Granada). El motivo es que en uno de esos enterramientos se encuentran, en teoría, los restos de Federico García Lorca, cuyo asesinato a manos de las fuerzas sublevadas en 1936 continúa siendo un símbolo de barbarie y represión impune.
El proceso que se abre, impulsado por la Consejería de Justicia andaluza, puede despejar las incógnitas que aún planean sobre la muerte del poeta. El completo desvelamiento de las dudas, no obstante, dependerá de sus familiares, ya que una eventual identificación sólo será posible si acceden a aportar muestras de ADN.
Los voluntarios que trabajan en la fosa ultiman la colocación de la carpa que garantizará la privacidad de los trabajos de excavación y exhumación, previos al análisis antropológico y genético de los restos encontrados. La ciencia podría colmar ahora las lagunas que ha dejado la historia.
Búsquedas y escondites
Mucho mérito de que hoy la muerte de Lorca no esté totalmente en la penumbra lo tiene el escritor Agustín Penón, que durante los años 1955 y 1956 empeñó su salud y su fortuna en desentrañar el crimen. Penón no llegó a publicar nunca su investigación, pero su herencia la recogieron, entre otros, Ian Gibson y Marta Osorio, cuyas obras Vida, pasión y muerte de Federico García Lorca y Miedo, olvido y fantasía, respectivamente, permiten repasar hoy los últimos días de la vida del poeta granadino.
Los días previos al inicio de la búsqueda aúnan secretismo extremo y expectación mundial
El primer aviso para Lorca llega el 6 de agosto, cuando una escuadrilla capitaneada por el miliciano falangista Manuel Rojas siniestro protagonista de la matanza de Casas Viejas llega a la Huerta de San Vicente, donde se aloja el poeta, para hacer un registro. Aún no se lo llevan. Al día siguiente, Lorca rechaza una invitación a la huida. Quiere creer, confiar en que se imponga la razón. Pero el 9 de agosto diez hombres armados regresan a por tres hermanos del casero, Gabriel Perea, falsamente acusado de asesinato. Lorca, aterrado, cobra la certeza de que será el próximo. Esa noche se va en taxi a la casa del poeta Luis Rosales, hermano de dos destacados falangistas de Granada.
El poeta lee la prensa, escucha la radio y sólo encuentra motivos para el pesimismo, más aún cuando se entera de que una cuadrilla, encabezada por Francisco Estévez, ha ido el día 15 a la Huerta. Esta vez, lo buscaban a él. La madrugada del 16 fusilan a Manuel Fernández Montesinos, cuñado del poeta y ex alcalde.
Encerrado y asesinado
Los militares hacen inútiles los intentos postreros de trasladar a un Lorca ya deshecho. Lo detienen en la tarde del 16. Las gestiones ante el activista de derechas Ramón Ruiz Alonso fracasan. En el documental La maleta de Penón, Marta Osorio resume la soledad del poeta en la hora clave: "Nadie se expuso para salvarlo".
El escritor pasó del relativo optimismo a la preocupación. Después, fue presa del terror
Queipo de Llano, jefe rebelde en Andalucía, da el visto bueno a la ejecución cuando Lorca ya se encuentra en el Gobierno Civil, de donde sale el 18 de agosto con al maestro Dióscoro Galindo. Ambos son trasladados en coche a la finca La Colonia, donde coinciden con los banderilleros Francisco Galadí y Joaquín Arcollas. Lorca pasa sus últimas horas encerrado en la planta baja. Los reos son conducidos a Alfacar, hasta el barranco de Víznar. Lorca muere allí fusilado en la madrugada del 19 de agosto, al pie de un olivo. En esa zona, donde el enterrador forzoso Manuel Castilla testimonió ante Penón, primero, y luego ante Gibson, haber dado sepultura a poeta, comienza ahora la búsqueda.